martes, 25 de junio de 2019


¡QUÉ DIOS LOS BENDIGA!

Tengan ustedes muy buenos días señores pasajeros. Como lo hago desde hace 20 años en esta afamada línea de colectivos, me permito distraer unos minutos de su atención para ofrecerles directamente de fábrica al consumidor un producto de primerísima calidad, fabricado con mano de obra criolla y materias primas extraídas de nuestro noble suelo argentino. Se trata del ya famoso argendale, un diminuto adminículo inclusivo, multifuncional, conectable, programable, adaptable, y de acción muy eficaz, que cabe cómodamente en la cartera de la dama o en el portafolios del caballero. En los comercios del ramo ustedes abonarán 200 pesos por cada argendale; pero yo les traigo una oferta que solo un necio no aprovecharía, pues por solo 100 pesitos se harán con el codiciado producto. Sí, escucharon bien, por solo la mitad de su precio de mercado. Y como si eso fuera poco, con cada argendale se llevarán de regalo un inflanhelo, su complemento ideal, ya que al acoplar ambos adminículos las prestaciones se multiplican de una manera asombrosa. Se llevan, entonces, un argendale y un inflanhelo por el precio de un café y una medialuna en cualquier bar. Un verdadera bicoca, no me digan que no. Piensen ustedes que un litro de yogur bebible cuesta 70 pesos, y que cuando se acaba deben comprar otro, y así de seguido, mientras que ustedes invierten 100 pesos por única vez en este kit durable que les va a brindar innumerables satisfacciones.

Percibo, señora, que usted lo mira pero no se atreve a pedírmelo, por eso se lo alcanzo yo. Acá lo tiene, tomeló por favor, enciendaló, pruebeló sin compromiso de compra. Vea que textura, qué terminación. Pesa unos pocos gramos y funciona con una sola pila. Yo que usté aprovecharía, pues estamos en recesión con inflación y lo que hoy cuesta 100 nadie sabe cuánto costará mañana ¿No me diga que quiere dos?, cómo no, cuánto me alegro, usté sí que tiene visión de futuro. Acá tiene, sirvasé. Gracias por pagarme con la plata justa.
Sí señor, ya estoy con usté ¿Quiere uno? Sírvase, lo único que le pido es que me pague con cambio porque salí pato de mi casa ¿vio?...

A quienes me hayan comprado esta inmejorable oferta, les recuerdo que podrán acceder al manual de instrucciones de ambos productos entrando en esta dirección de la web: www.argendalesomostodos.com

Y como todo termina en la vida, gente linda, llegó la hora de despedirme de ustedes pues debo bajarme de esta unidad para subir a la que viene atrás y así seguir ganándome la vida. Les agradezco la buena onda y quiero que sepan que gracias a la solidaridad de ustedes hoy mi familia tendrá un plato de comida en la mesa.

¡Qué dios los bendiga!

domingo, 31 de marzo de 2019


DISCURSO DE MARÍA TERESA ANDRUETTO EN EL CIERRE DEL VIII CONGRESO DE LA LENGUA
Córdoba, sábado 30 de marzo de 2019

Hay una grieta en todo / así es cómo entra la luz, dice Leonard Cohen, Y entonces es ahí, en las fisuras, donde quisiera mirar.

No fue sencillo para mí aceptar la invitación a cerrar este congreso, por las disidencias diversas que con él tiene, por razones también diversas, la comunidad a la que pertenezco y por mis propias disidencias.
Me tranquilizan dos cuestiones, la primera es que antes de aceptar hice saber mi posición y la invitación se sostuvo –con un espíritu democrático y una amplitud que mucho agradezco–; la otra es que estoy aquí como escritora y el lugar de quien escribe es, en lo que respecta a la lengua, un lugar de desobediencia, de disenso. En nombre de ambas cosas digo estas palabras.
La primera cuestión tiene que ver con el nombre mismo del Congreso, llamado aquí –y es al menos curioso que la contraparte nacional se haya llegado a esa denominación– Congreso de la Lengua Española, porque para nosotros, para nuestro sistema educativo, la academia, la alta cultura y la cultura popular, esta lengua en la que aquí hablo siempre ha sido la lengua castellana.
Así llegó América, con la conquista y con la iglesia, la lengua de Castilla y fue esa lengua y no otras que se hablaban o se hablan en España como la que se impuso –no sin dolor, no sin lucha, no sin resistencia– sobre las lenguas originarias.
Esto nos lleva a preguntarnos de quién es la lengua, quién le da el nombre y quiénes reconocen su lengua en ese nombre. Aunque en las previas a este Congreso se ha insistido en la idea de que la lengua es de todos sus hablantes, en la amplia procedencia geográfica de los ponentes y en la alta presencia de mujeres en las mesas, me pregunto si esa que se dice de todos es la misma lengua; en caso de serlo, quiénes son sus dueños y atendiendo a que una lengua con tantos hablantes, además de un capital simbólico es un capital económico, quiénes hacen usufructo de ella. Desde Madrid, el ministro de Educación de la Provincia, a la pregunta de un periodista acerca de ciertos contenidos, reconoció que ni la parte argentina ni la cordobesa intervienen en la elección del temario.
Es la Real Academia, dice. A su vez, el director de la Real Academia, remarcó la importancia de estos congresos con la frase: “Durante unos días, se tratará de ponerle voz española a los asuntos que nos ocupan a todos, tal vez sin tener dimensión de lo que la frase “voz española” significa aquí, para nosotros.
Entonces, no debiéramos desentendernos de ciertas preguntas, aunque incomoden. Preguntas como: ¿Para qué un congreso en estas pampas sin intervención local sobre sus contenidos? ¿Es la lengua de España la misma que se habla en América? ¿El muy diverso castellano de cada uno de nuestros países es la misma lengua española de la que el Congreso habla? Y finalmente, porque estamos en Argentina, ¿se trata de la misma lengua que aquí se habla?
Sí y no. La misma y otra. Para los hablantes de mi país se trata de una cuestión que lleva más de un centenario, cuestión desestimada o minimizada por las instituciones españolas de la lengua, sus espacios de formación, sus editores…, como lo expresa blanco sobre negro el reciente planteo del director mexicano Alfonso Cuarón, quien declaró en la clausura de un ciclo de cine en Nueva York, que le resultaba ofensivo para el público (e imagino sin dudas que para sí mismo) que su película Roma se haya subtitulado en España.
“Me parece muy, muy ridículo, a mí me encanta ver, como mexicano, el cine de Almodóvar y yo no necesito subtítulos al mexicano para entender a Almodóvar. Le parece ridículo, dice, que un español necesite que le digan “No os acerquéis al borde en lugar de Nomás no se vayan hasta la orilla. Entiendo muy bien lo que dice Cuarón, me ha pasado que una editora española haya pretendido cambiar durazneros por melocotoneros con la extraña fundamentación de que en España nadie entendería la palabra duraznero, pero sucede que melocotonero es una palabra tan artificial para un argentino que nunca jamás podría usarla.
En fin, cierta pretensión de uniformidad, la homogeneización que destruye lo singular o lo invisibiliza, el modo en que se ilumina la propia lengua al ver cómo toma caminos diversos.
Todo eso borrado, dice la cordobesa Eugenia Almeida, porque el castellano de esta América es un conjunto de variables mestizadas por pueblos originarios, aportes árabes, africanos, europeos y asiáticos que –esclavizados, sometidos, aceptados o bienvenidos- impregnaron nuestros modos de decir y de pensar. Hablaba el ruso en quince lenguas, dice en algún lugar Julia Kristeva.
La segunda cuestión aparece cuando reparamos en que esto no es recíproco. Casi 600 millones de personas de 22 naciones hablamos la misma lengua. ¿Son soberanas lingüísticamente esas naciones? Y si es así, ¿por qué sus modos de decir necesitan ser traducidos a un decir mejor, a un bien decir?
En la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos firmada en Barcelona en 1996, se expresa que los hablantes pueden usar la lengua según las necesidades de cada lugar de origen, garantizando así “los principios de una paz lingüística mundial justa y equitativa, factor decisivo de la coexistencia social y cultural”.
Más del 90 por ciento de los hablantes de lengua española habita en países de América, y menos del 10 por ciento, en España. Sin embargo, las variedades idiomáticas americanas no tienen tantas posibilidades de ser reconocidas por la Academia y, cuando lo son, pasan por formas folklóricas, americanismos.
Por su parte, en el Diccionario Panhispánico de Dudas, alrededor de un 70 por ciento de lo que se considera “malos usos de la lengua” es de origen latinoamericano, lo cual tiene que ver no sólo con la idea de purismo y la pretensión de uniformidad, sino sobre todo con la convicción de que el bien decir se decide fuera de nosotros.
Se trata de las políticas de control del idioma, de la tensión entre las hablas de una comunidad y las normas que esa comunidad dicta o acepta y de la lucha entre transformación y preservación. La advertencia gramatical no me limita, sino que me recuerda que yo estoy en la lengua, y me da movilidad dentro de ella. Me recuerda que la lengua es mía y que no es solo mía… me recuerda que el vínculo es el vehículo compartido.
El interés por la gramática trasunta el interés por la conservación del espacio público, dice la colombiana Carolina Sanín. ¿Sin leyes seríamos más libres? Necesitamos instituciones reguladoras pero necesitamos también que esas instituciones nos representen de una mera más justa, porque una lengua –que por cierto es mucho más que sus reglas- vive en las bocas de sus hablantes y es asombrosa la velocidad con que lo vivo deviene en frase hecha, en palabra muerta, en clisé.
Un idioma es una entidad en permanente movimiento, una inmensidad, un río, en su adentro caben muchas lenguas como caben muchos pueblos. Argentina, para dar el ejemplo que más a mano tengo, no se hizo sólo con descendientes de hispanohablantes, es un país que mezcló la población originaria con la invasora, y recibió aluviones migratorios de italianos, gallegos, árabes, aymaras, vascos, polacos, guaraníes, armenios, coreanos, alemanes… se trata de un país que nunca vivió el purismo idiomático, la necesidad de conservar la “casticidad”, palabra por otra parte tan cercana a la castidad.
En fin, que somos impuros o mestizos (muchas veces mestizos étnicos y siempre mestizos culturales), que es impura nuestra lengua y esa impureza es nuestra riqueza. Dice el colombiano Fernando Vallejo que preguntarse quién habla bien es una tontería porque el castellano se habla como se puede en todos los ámbitos del idioma, un idioma de 22 países entre los cuales contamos a España.
En fin, que para riqueza de hablantes, escribientes y lectores, y para riqueza de nuestras literaturas, peninsulares, latinoamericanos y ecuatoguineanos debiéramos cuidarnos mucho de una lengua que se someta a la lengua oficial, una escritura que ponga en retirada a cada modalidad de la lengua en particular, cuidarnos de no confundir la lengua viva con los cementerios de la lengua, acoger, dice también Fernando Vallejo, el idioma de la vida, que es el local.
Hasta acá, un poco distraídos, podríamos pensar que se trata de diferencias de habla, de lo singular que se aleja de ciertas normas, de ciertos corrales, cierta legislación que va y viene desde una región a otra, pero por cierto que no se trata de un camino de ida y vuelta entre modos diversos de usar la lengua, sino de una corriente que va o pretende ir desde la antigua metrópoli hacia sus dominios de antaño y nunca de modo inverso.
Esa corriente de poder lingüístico unidireccional viene a nuestros países con las formas de decir y escribir que España considera correctas sin comprender que a muchas expresiones del castellano de España las comprendemos nosotros poniendo a prueba nuestros oídos, porque la música, y el habla, y el gusto, no son los mismos para todos y porque, parafraseando un relato cristiano, hay ovejas que son de este corral y otras que son de otro corral pero de todas es el universo de la lengua.
No hace mucho, una investigadora madrileña me dijo llena de sorpresa ella y más sorprendida yo por su reflexión: “No entiendo por qué los argentinos necesitan traducir a Dante (a raíz de una edición aquí de La divina comedia, con traducción del poeta Jorge Aulicino) si ya está traducido al español, pero ese que tal vez ni se advierte siquiera cómo pegan en nuestros oídos muchas traducciones de editoriales españolas, especialmente cuando se trata de escritores que trabajan con lo coloquial; pero no me extiendo en el tema porque de todo esto, habrán dado cuenta las mesas sobre traducción del Congreso, ya que es materia habitual de debate entre nuestros traductores.
No se trata de una cuestión menor, ni tampoco meramente retórica. Durante la pasada dictadura, los escritores argentinos en el exilio español se preguntaban qué hacer con nuestro lenguaje. Elijo dos respuestas a esa pregunta: el escritor y crítico David Viñas, en julio de 1980, dice en una carta ¿se academiza la cosa, se la agayega, se le pone almidón y se la plancha? En otra carta, de agosto de 1980, el escritor Antonio Di Benedetto, dice: He procurado clarificar un tanto el vocabulario para el lector español sin dar la espalda a mi potencial lector argentino o latinoamericano. Con tal criterio he sustituido algunas voces. Ejemplo: no “saco”, que aquí sugiere “bolsa”, sino chaqueta, dicción que no es extraña al argentino, ¿verdad? ¿Verdad?
Podemos oír un grito ahogado en ese ¿verdad?, un gesto de desesperación, porque la elección de la lengua (y dentro de ella, la de sus infinitos matices) indica en qué sistema literario puede o quiere insertarse un escritor, indica por quiénes y de qué modo desea ser leído y revela también el costo que ese escritor está dispuesto a pagar para encontrarse con sus lectores.
Cuando comencé a publicar y se abrió tímidamente alguna posibilidad de editar mis libros fuera de Argentina, la lengua, esa materia con la que trabaja un escritor, comenzó a presentarse como un obstáculo. No es el libro, no es la historia, es el lenguaje... tan argentino, se me dijo en muchas ocasiones.
En 1876, Juan María Gutiérrez, preocupado por el lenguaje rioplatense (como Esteban Echeverría y Juan Bautista Alberdi, sus colegas de la Asociación de Mayo), rechazó públicamente la propuesta de integrar la Real Academia Española, lo que provocó una serie de cartas con un periodista español que también polemizó acerca de ello con Sarmiento.
La cuestión de si hablar castellano o una de las lenguas originarias del territorio que ocupa nuestro país y en el caso de hablar castellano, qué castellano hablar y escribir, en fin, la pregunta acerca de si era conveniente seguir a pie juntillas a la Academia Real del país del cual estábamos independizándonos o si debíamos dejar que la lengua, aun siendo la misma -la misma y otra, por cierto- se independizara a su vez y corriera a su aire, aceptando nosotros, sus hablantes, las transformaciones que le íbamos dando, se discutió aquí en la segunda mitad del siglo 19, una discusión que nuestros prohombres dieron por saldada hace ya más de 150 años.
Esa cuestión, que en nuestras carreras de letras se estudia como la polémica acerca de la lengua, polémica que es por supuesto lingüística y estética pero por sobre todo fuertemente política, se dirimió en el marco del movimiento estético/político romántico, y la llevaron adelante Gutiérrez, Echeverría, Sarmiento y Alberdi, los cuatro grandes escritores románticos argentinos, a la vez cuatro políticos centrales, lo que es casi decir los fundadores de nuestra literatura y de la nación.
De todo ello emergió la convicción de que ese castellano que se hablaba no necesitaba sujetarse a los dictámenes de su casa central, de modo que ser un hablante o un escritor argentino es también ser un usuario de la lengua desobediente ante la demanda de casticidad.
La tercera cuestión, aparece cuando reparamos en la lengua como un capital no sólo simbólico, cuando comprendemos su faz económica, y entonces nos preguntamos ¿quién usufructúa los dividendos que da esta lengua en el mundo? El gobernador de la provincia dice “sabemos que es un recurso natural inmenso, un bien renovable que se multiplica con el uso, que gana valor cada día y hoy es deseable inclusive para los nacidos y criados en otras lenguas, lo cual coloca en primer plano este aspecto de la lengua como capital económico.
A la hora de certificar internacionalmente los cursos de aprendizaje como lengua extranjera, las jornadas internacionales para profesores de español, como suelen llamarse, ¿quién certifica? ¿Quién obtiene los dividendos de esas acciones? ¿Se distribuyen esos dividendos entre los diversos países en que se habla castellano o se trata de un recurso que le pertenece mayoritariamente a instituciones españolas?
Todas las relaciones humanas están mediadas por la política, atravesadas por diferencias de poder, y ese poder se materializa en el lenguaje que, citando a Bajtin, es producto de la actividad humana colectiva y refleja en todos sus elementos tanto la organización económica como sociopolítica de la sociedad que lo ha generado.
La búsqueda de uniformidad, el paso de un rasero qué hablan las particularidades de nuestros castellanos, va en consonancia con la persecución de un mayor rendimiento económico, con que libros, películas y series, publicaciones en papel o digitales, cursos de enseñanza y literatura destinada a niños y jóvenes sirvan para la mayor cantidad posible de usuarios.
Por eso la persistente búsqueda de un castellano a la española o un latinoamericano neutro que permita a esos productos circular en todo el continente, viajando más y mejor, penetrando de modo más rápido, sin que importe que eso sea a costa de nuestra singularidades y vaya –cómo de hecho va– contra la riqueza del idioma. Baste escuchar en nuestro país a alumnos, hijos o nietos, hablando de leños, carros y neveras para comprender lo que digo.
¿Por qué hablan cómo hablan los personajes en los programas infantiles enlatados? ¿Por qué se subtitula una película de un castellano a otro, cómo sucedió con la ya citada Roma y sucede con tantas otras? ¿Es porque los españoles no comprenden la palabra orilla y necesitan que se las traduzca como borde? ¿O se trata de simplificar y uniformar para atraer el mayor número posible de espectadores hacia una película o una serie que pueden generar mucho dinero?
Empresas y capitales multinacionales promueven la ampliación del mercado del castellano, en su modalidad española o en lo que llaman americano neutro para, en lo uniforme y hegemónico, reforzar el monopolio de la lengua como negocio; buscan un idioma de modalidad única (para tantos hablan hablantes de culturas tan distintas), a costa de su depredación, del mismo modo que los monocultivos en su búsqueda desmedida de dinero van contra la riqueza del suelo y la diversidad que nos ofrece la naturaleza.
Víctor Klemplerer, en su libro sobre las transformaciones de la lengua alemana durante el Tercer Reich, registra en su diario de manera minuciosa cómo el lenguaje se va falsificando, va perdiendo su singularidad y su verdad, lo que constituirá la más potente difusión del nazismo en todas las capas de la población.
La vida de una lengua, si en algún sitio reside, es en lo particular, en su inestabilidad; la uniformidad como estrategia económica, la mono lengua, la neutralidad, lo que produce es destrucción, depredación. En ese arco ingresan las Industrias de la lengua, el turismo idiomático, la corrección política donde se incluyen los debates actuales sobre si el lenguaje es inclusivo o no y en qué medida es e inclusión incluye la diversidad de todo tipo, no sólo la de género.
Pero volvamos a nuestra resistencia ante la demanda de uniformidad en los modos de decir, ya que el pensamiento se construye en y con el lenguaje a través del cual se manifiesta, podríamos avanzar un paso en nuestro razonamiento y decir que se trata de una demanda de uniformidad No sólo en los modos de decir sino también en los modos de pensar.
Por eso, si bien muchos acceden a esas demandas, otros tantos nos sostenemos en el desacato, el desacomodo, el rechazo a una lengua apta para todos los públicos. No se trata de un capricho, se trata de una búsqueda de identidad que se refleja en el modo de hablar y de escribir, desvíos de cierto extranjero deber ser para encontrar en lo individual más hondo, allí donde refracta lo social, ecos de la lengua de un pueblo, una región, una comunidad, un sector social, búsqueda de un contrapoder frente a lo hegemónico.
Se dice que la lengua no es de las instituciones sino de los hablantes. Y aunque así es en lo que hace al uso cotidiano, no parece suceder lo mismo en el aprovechamiento económico que una lengua provee porque, sin dudas, no es mayoritariamente el castellano argentino, ni el mexicano, ni el peruano, ni el boliviano... el que se comercializa en la enseñanza Internacional del idioma.
La cuarta cuestión, el lenguaje inclusivo.
El Congreso de la Lengua se ocupará del presente del español, pero no discutirá sobre lenguaje inclusivo, han dicho a la prensa, con total firmeza, las autoridades de la Academia.
Tendremos participación igualitaria entre varones y mujeres, se dijo, y yo no puedo dejar de preguntarme si habrá habido mujeres y en qué proporción en las decisiones de contenidos. Desconozco si la Academia y el Instituto tienen mujeres en sus directorios, pero si las tienen, ellas no han dado sus opiniones a la prensa. Se dijo que hay 250 ponentes de 32 países, 250 ponentes y ni una sola mesa de discusión sobre un tema como es la inclusión de género, vivamente presente en la agenda actual, tanto de América latina como de España.
El lenguaje inclusivo nos pone delante de la carga ideológica de la lengua, que habitualmente nos es invisible. Claro que compartimos la lengua y que ella no es de nadie, ni siquiera de las buenas causas.
Claro que corremos riesgos de que el lenguaje inclusivo se vuelva pura corrección política. Claro que no sabemos qué pasará con la literatura, ni si es posible escribir en lenguaje inclusivo de un modo lo suficientemente cargado de ambigüedad como para conservar la función poética del lenguaje, de un modo que además de hacernos pensar, nos conmueva, nos emocione, nos complejice.
Claro que no sabemos qué sucederá en el largo plazo, si ese lenguaje que viene a irrumpir se estabilizará en la lengua y en tal caso de qué modo, si ingresará y de qué manera a nuestras literaturas, pero sabemos de su uso y expansión en ciertos sectores sociales (especialmente urbanos) y en jóvenes de cualquier género, y vemos cómo impregna y permea los usos públicos, periodísticos y políticos, y entonces resulta asombroso que no se haya incluido siquiera una mesa de discusión sobre algo que está moviendo los cimientos de nuestras sociedades.
En la lengua se libran batallas, se disputan sentidos, se consolida lo ganado y los nuevos modos de nombrar –estos que aparecen con tanta virulencia – vuelven visibles los patrones de comportamiento social. Palabras o expresiones que llegan para decir algo nuevo o para decir de otro modo algo viejo, porque el lenguaje no es neutro, refleja la sociedad de la que formamos parte y se defiende marcando, haciendo evidente que los valores de unos (rasgos de clase o geográficos o de género o de edad...) no son los valores de todos.
Algo que no existía comienza a ser nombrado, algo que ya existía quiere nombrarse de otro modo, verdadera revolución de la que no conocemos sus alcances, ni hasta dónde irá, ni si abarcará un día a la mayor parte de la sociedad, a sus diversas regiones, a las formas menos urbanas de nuestra lengua y a todos sus sectores sociales.
No podemos prever su punto de llegada, pero sí sabemos que está entre nosotros de un modo tal que no podemos obviar, Lo que queda claro, lo insoslayable, es que se trata de una cuestión política, de que la lengua responde a la sociedad en la que vive, al momento histórico que transitan sus hablantes, porque como dice también Victor Klemperer, "el espíritu de una época se define por su lengua".
El asunto entonces es cómo se las ingeniará la lengua para conservar un territorio común entre sus hablantes, para seguir siendo en su diversidad, sus diferencias y su riqueza, su lugar de reunión, para usar el nombre de un poema de nuestro Alejandro Nicotra.
La lengua es mía pero no sólo mía, entonces cada uno de nosotros es dueño de la lengua, siempre que tenga la conciencia suficiente como para advertir su componente social.
Este código compartido, este contrato entre hablantes, esta libertad tiene siempre por límite el deseo de ser comprendidos, porque no hablamos solos ni para nosotros sino para comunicarnos con otros. Ante esa complejidad, sólo caben la diversidad y la flexibilidad; por otra parte, la lengua nos da todo el tiempo muestras de saber transformarse sin destruirse y, finalmente, sacudir el lenguaje, es –en palabras de Althusser- una forma entre otras, de práctica política.
Otra cuestión, el castellano como lengua de las ciencias y del conocimiento.
El posicionamiento del castellano como lengua científica y filosófica, nos lleva a la disputa ante el inglés como lengua dominante, a entrar en diálogo y tensión con otras lenguas y contra la imposición de una lengua única para el universo científica.
En fin, que el mismo razona miento sostenido en defensa de las variables americanas del castellano, ante su variante oficial se aplicaría en este campo de disputa en el que nuestro idioma está en condición de minoría con respecto a la lengua oficial de las ciencias, el inglés como lengua única.
Una tarea de principal importancia es la recuperación del castellano como lengua del saber, lo que no equivale a promover un provincianismo autoclausurado y estéril sino un universalismo en castellano que se acompaña con el aprendizaje de muchas otras lenguas para acceder a todas las culturas y entrar en interlocución con ellas contra la imposición de una lengua única.
El desarrollo del castellano como lengua del saber, del pensamiento y del conocimiento académico postularía un internacionalismo de otro orden, babélico y no monoligüe, y requeriría un cambio radical en nuestra cultura de autoevaluación universitaria y científica, dice el cordobés Diego Tatian y el argentino / mexicano Enrique Dussel. En su libro Filosofías del sur, pregunta que las diversas tradiciones se dispongan para un auténtico y simétrico diálogo, gracias al cual cada una aprendería muchos aspectos desconocidos, más desarrollados por otras tradiciones. Se trataría de un mutuo enriquecimiento.
La amenaza de una lengua de comunicación única es muy real, Contra esa amenaza, es necesario que cada uno hable su lengua y más de una lengua, dice Bárbara Cassin. Lugar común la lengua y el pensamiento, donde lo común no aspira a lo uniforme, lo aceptado por todos ni lo ya dado, sino a un territorio que, abrigando las singularidades, permita encontrar en un tesoro acumulado por generaciones de escribientes y de hablantes, las palabras que nos permitan abrir la historia, decir cosas nuevas y a la vez reconocer la radical igualdad de los seres humanos.
Para ir cerrando
El lenguaje da acogida a la experiencia de los hombres, nos promete que lo que se ha experimentado no desaparecerá del todo, dice John Berger. Una novela, un cuento, un poema, dice también él, usan los mismos materiales que el informe anual de una corporación multinacional.
El hecho de que estén hechos con casi las mismas palabras y similar sintaxis no significa más que el hecho de que un faro y la celda de una prisión puedan construirse con piedras de la misma cantera, unidas con el mismo cemento.
En fin, que casi todo depende del modo en que se articulan las palabras, el modo en el que cada uno de nosotros se vincula con el lenguaje como lugar de reunión, en el convencimiento de que él es –además de instrumento práctico- vehículo de expresión de la subjetividad de un individuo y de una sociedad, tesoro fecundado por múltiples desvíos e innovaciones, sostenido por generaciones de hablantes y escribientes como motor de creación, factor de mutación, de transformación, para dar testimonio de lo vivido e imaginado, de la ligazón con lo sagrado, la celebración de lo acontecido y el lamento por lo perdido. En fin, para construir Memoria e Historia.
Entre lo personal y lo político, lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo, crece esta lengua nuestra. Para que su energía no se pierda, para que eso que habita en ella y es fácilmente corrompible, no pierda su música, nervio o alma –la diversidad puesta a vivir en nuestras bocas-, ella se distancia de lo oficial, de lo abstracto, lo general, lo convencional, en busca de lo sepultado bajo capas de artificios, condicionamientos y convenciones, porque cuando por mentirosa, farragosa, fangosa o inexacta, por excesiva, hinchada, henchida o snob, grandilocuente, críptica o burda, se corrompe la relación entre las palabras y las cosas, todo el delicadísimo equilibrio, todo el misterioso artefacto, se desploma.
La homogeneización a través de una lengua, la búsqueda de una lengua de nadie producto del capitalismo, dice Barbara Cassin y nos advierte sobre la amenaza de un lenguaje único para la comunicación. Necesitamos diversidad en las lenguas, como parte de la diversidad de los ciudadanos.
Cada palabra es el resultado de una historia y de una serie de representaciones, pero sólo adquiere su significado, que designa una cosa y no otra, en su diferencia con otras palabras de la misma lengua. Cada lengua tiene su forma de inventar, de inventariar, de describir, de concebir, de comprender. Una lengua es una energía y se inventa todo el tiempo.
Sabemos que las leyes son necesarias para sistematizar la lengua y enseñarla a las siguientes generaciones, y sabemos también que una lengua está en permanente movimiento y que, de no ser por esos movimientos, desvíos, disidencias y transformaciones, estaríamos hablando hoy lenguas romances o latín vulgar... de hecho, el castellano comenzó desobedeciendo, como lo muestran las Glosas Emilianenses, esas anotaciones al margen en un códice escrito en latín, que en el siglo X u XI algún monje hizo para aclarar algún pasaje, anotaciones en un modo de decir en el que ya hablaba el pueblo pero que todavía no había pasado a su forma escrita. En fin, que en una lengua cabe un mundo, y en ese mundo caben los disensos y las luchas.
Digo esto sabiendo del lugar en el que estoy, deseando profundamente que unos y otros, de aquí o allá, podamos volvernos más y más conscientes de que la uniformidad no es el camino para que la lengua que compartimos se mantenga viva; pienso entonces en congresos de la lengua donde el país receptor intervenga activamente en los contenidos, en un congreso que revise su nombre, un congreso donde se discutan los beneficios económicos de la enseñanza de castellano en el mundo y donde no se vuelva costumbre traducir en un país el castellano de otro país, porque si hay riqueza en esta lengua nuestra, esa riqueza no está en la rigidez sino en la posibilidad de aceptar la potencia de lo diverso y de lo múltiple, la riqueza del permanente movimiento, como sin ir más lejos han hecho los hablantes de lengua inglesa –donde la estandarización proviene de la literatura, los medios y el uso- en distintos modos de hablarlo y escribirlo.
Necesitamos oírnos en nuestras semejanzas y nuestras diferencias, en los múltiples meandros que ofrece este idioma nuestro en el que Cervantes y Rulfo, Sor Juana, García Márquez, Gabriela Mistral y Roa Bastos, Teresa de Ávila, Luis de Góngora, Elvira Orphée y José Donoso, César Vallejo, Quevedo, Borges, Blanca Varela y Juana Castro, Gil de Biedma, Lemebel, Lugones, Arguedas, Watanabe, Sara Gallardo y Onetti, Humberto Akabal, Arlt, Saer y Rosario Castellanos, entre tantos otros… abrieron con mano de seda y de hierro los intersticios de la lengua que de mil maneras les había sido impuesta, para poder decir lo que aún no había sido dicho.
Alfabetizando a población chiriguana en la frontera salteña, nuestra educadora María Saleme entendió que no servían las cartillas hechas en Buenos Aires, que tenía que empezar por la palabra agua, porque el chiriguano es hombre de río, y cuando lo hizo en los valles calchaquíes descubrió que la palabra nudo no era agua, sino tierra.
Adrian Bravi, escritor argentino de la lengua italiana, en un libreo que se llama La gelosia della lingua cuenta acerca de una tía que emigró a Argentina en un barco en el que faltó agua potable y donde murieron casi todos los niños de brazos, una tía que podía contar lo vivido en castellano pero al intentar decirlo en italiano, se quebraba porque al evocarlo sus recuerdos tomaba vida propia.
¿Es borde la palabra? ¿O es orilla? ¿O es canto, o línea, o costa, o ribera, o margen? Cada uno tiene sus razones para decir de uno u otro modo porque la lengua es mía, pero no solamente mía.
Esa lengua en la que nuestros recuerdos toman vida propia, en la que podemos razonar y conmovernos, conocer y cuestionarnos, aprender e imaginar, hasta que lo nombrado adquiera vida propia. Porque, como en la parábola que relata Gershom Scholem, aunque no sepamos encender el fuego ni encontrar aquel lugar en el bosque, ni seamos ya capaces de rezar, podemos seguir contándonos unos a otros nuestras historias y la Historia. Perder eso sería perdernos, sería una nueva forma de barbarie.

lunes, 18 de marzo de 2019


CARTA AL SEÑOR SECRETARIO DE LA ACADEMIA ESPAÑOLA

La Libertad, 5 de enero de 1876

Al señor Secretario de la Academia Española:

Ayer he tenido la honra de recibir, por conducto del señor cónsul de España residente en esta ciudad, una carta de V. S. fecha en Madrid a 30 de diciembre de 1873, acompañándome el diploma de miembro correspondiente de la Academia Española, y un ejemplar de los Estatutos y Reglamento de este ilustre cuerpo literario. Y, como al final de la muy estimada de V. S. me previene darle aviso del recibo de esos documentos, me apresuro a satisfacer los deseos da V. S. suplicándole al mismo tiempo manifestar mi más profunda gratitud, a los señores miembros de la Academia, y muy particularmente a los caballeros Segovia, Hartzenbusch y Puente Apezechea, por el favor con que han querido distinguirme considerándome capaz de contribuir a los fines de esa afamada corporación. Según el artículo primero de sus estatutos, el instituto de la Academia es cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua castellana. Este propósito pasa a ser un deber para cada una de las personas que aceptando el diploma de la Academia, gozan de las prerrogativas de miembros de ella y participan de sus tareas en cualesquiera de las categorías en que se subdividen según su reglamento. En presencia de una obligación que espontáneamente se impone un hombre honrado, debe, ante todo, medir sus fuerzas, y hecho de mi parte este examen con escrupulosidad, debo declarar a V. S. que no me considero capaz de dar cumplimiento a cometido alguno de los que impone a sus miembros el citado artículo primero de los Estatutos Académicos, por las razones que someramente paso a indicar, suplicando a V. S. las reciba como expresión sincera y leal de quien no quisiera aparecer desagradecido a las distinciones y beneficios que se le hacen, mucho más cuando provienen de una corporación a la cual todo hombre culto que habla lengua castellana, tributa el respeto que se merece.
Aquí, en esta parte de América, poblada primitivamente por españoles, todos sus habitantes, nacionales, cultivamos la lengua heredada, pues en ella nos expresarnos, y de ella nos valemos para comunicarnos nuestras ideas y sentimientos; pero no podemos aspirar a fijar su pureza y elegancia, por razones que nacen del estado social que nos ha deparado la emancipación política de la antigua metrópoli.

Desde principios de este siglo, la forma de gobierno que nos hemos dado, abrió de par en par las puertas del país a las influencias de la Europa entera, y desde entonces, las lenguas extranjeras, las ideas y costumbres que ellas representan y traen consigo, han tomado carta de ciudadanía entre nosotros. Las reacciones suelen ser injustas, y no sé si en Buenos Aires lo hemos sido, adoptando para el cultivo de las ciencias y para satisfacer el anhelo por ilustrarse que distingue a sus hijos, los libros y modelos ingleses y franceses, particularmente estos últimos.

El resultado de este comercio se presume fácilmente. Ha mezclado, puede decirse, las lenguas, como ha mezclado las razas. Los ojos azules, las mejillas blancas y rosadas, el cabello rubio, propios de las cabezas del norte de Europa, se observan confundidos en nuestra población con los ojos negros, el cabello de ébano y la tez morena de los descendientes de la parte meridional de España. Estas diferencias de constitución física, lejos de alterar la unidad del sentimiento patrio, parece que, por leyes generosas de la naturaleza que a las orillas del Plata se cumplen, estrechan más y más los vínculos de la fraternidad humana, y dan por resultado una raza privilegiada por la sangre y la inteligencia, según demuestra la experiencia a los observadores despreocupados.
Este fenómeno, no estudiado todavía como merece, y que, según mis alcances, llegará a ser uno de los datos con que grandes problemas sociales han de resolverse, se manifiesta igualmente, a su manera, con respecto a los idiomas.

En las calles de Buenos Aires resuenan los acentos de todos los dialectos italianos, a par del catalán que fue el habla de los trovadores, del gallego en que el Rey Sabio compuso sus cántigas, del francés del norte y mediodía, del galense, del inglés de todos los condados, etc., y estos diferentes sonidos y modos de expresión cosmopolitizan nuestro oído y nos inhabilitan para intentar siquiera la inamovilidad de la lengua nacional en que se escriben nuestros numerosos periódicos, se dictan y discuten nuestras leyes, y es vehículo para comunicamos unos con otros los porteños.
Esto, en cuanto al idioma usual, común, el de la generalidad. Por lo que respecta al hablado y escrito por las personas que cultivan con esmero la inteligencia y tratan de elaborar la expresión con mejores instrumentos que el vulgo, cuyo uso por otra parte es ley suprema del lenguaje, debo confesar que son cortas en número, y aunque de mucha influencia en esta sociedad, tampoco tienen títulos para purificar la lengua hablada en el siglo de oro de las letras peninsulares, de que la Academia es centinela desvelado. Los hombres que entre nosotros siguen carreras liberales, pertenezcan a la política o a las ciencias aplicadas, no pueden por su modo de ser, escalar los siglos en busca de modelos y de giros castizos en los escritores ascéticos y publicistas teólogos de una monarquía sin contrapeso. Hombres prácticos y de su tiempo, antes que nada, no leen sino libros que enseñan lo que actualmente se necesita saber, y no enseñan las páginas de la tierna Santa Teresa ni de su amoroso compañero San Juan de la Cruz , ni libro alguno de los autores que forman el concilio infalible en materia de lenguaje castizo.

Yo frecuento con intimidad a cuantos en esta mi ciudad natal escriben, piensan y estudian, y puedo asegurar a V. S. que sus bibliotecas rebosan en libros franceses, ingleses, italianos, alemanes, y es natural que adquiriendo ideas por el intermedio de idiomas que ninguno de ellos es el materno, por mucho cariño que a éste tengan, le ofendan con frecuencia, sin dejar por eso de ser entendidos y estimados, ya aleguen en el foro, profesen en las aulas o escriban para el público. Hablarles a estos hombres de pureza y elegancia de la lengua, les tomaría tan de nuevo, como les causaría sorpresa recibir una visita vestida con la capa y el sombrero perseguidos por el ministro Esquilache.
Por muy independiente que me crea, incapaz de ceder a otras opiniones que a las mías propias, confieso a V. S. que no estoy tan desprendido de la sociedad en que vivo, que me atreva, en vista de lo que acabo de exponer, a hacer ante ella el papel de vestal del fuego que arde emblemático bajo el crisol de la ilustre Academia.

El espíritu cosmopolita, universal, de que he hablado, no tiene excepciones entre nosotros. Son bien venidos al Río de la Plata los hombres y los libros de España, y está en nuestro inmediato interés ver alzarse el nivel intelectual y social en la patria de nuestros mayores; pues nada tan plácido y sabroso para el espíritu como nutrirse por medio de la lengua en que la humana razón comienza a manifestarse en el regazo de las madres. Es penoso el oficio de disipar diariamente esa especie de nube que oscurece la página que se lee escrita con frase extranjera, y a este oficio estamos condenados los americanos, so pena de fiarnos a las traducciones, no siempre fieles, que nos suministra la imprenta europea.

Podría decirme V. S. que todo cuanto con franqueza acabo de expresarle, prueba la urgencia que hay en levantar un dique a las invasiones extranjeras en los dominios de nuestra habla. Pero en ese caso yo replicaría a V. S. con algunas interrogaciones: —¿Estará en nuestro interés crear obstáculos a una avenida que pone tal vez en peligro la gramática, pero puede ser fecunda para el pensamiento libre? ¿Mueven a los americanos las mismas pasiones que el patriota y castizo autor del ardoroso panfleto —“Centinela contra franceses”— impreso al comenzar el siglo, cuando la ambición napoleónica exaltaba el estro de Quintana a y el valor del pueblo ibero, contra la usurpación extranjera? ¿Qué interés verdaderamente serio podemos tener los americanos en fijar, en inmovilizar, al agente de nuestras ideas, al cooperador en nuestro discurso y raciocinio? ¿Qué puede llevarnos a hacer esfuerzos por que al lenguaje que se cultiva a las márgenes del Manzanares, se amolde y esclavice el que se transforma, como cosa humana que es, a las orillas de nuestro mar de aguas dulces? ¿Quién podrá constituirnos en guardianes celosos de una pureza que tiene por enemigos a los mismos peninsulares que se avecinan en esta Provincia?

Llegan aquí, con frecuencia, hijos de la España con intento de dedicarse a la enseñanza primaria, y con facilidad se acomodan como maestros de escuela, en mérito de diplomas que presentan autorizados por los institutos normales de su país. Conozco a la mayor parte de ellos, y aseguro a V. S. con verdad, salvando honrosas excepciones, que cuando se han acercado a mí, como a director del ramo, he dudado al oírlos que fuesen realmente españoles, tal era de exótica su locución, tales los provincialismos en que incurrían y el dejo antiestético de la pronunciación, a pesar de la competencia que mostraban en prosodia y ortología teóricas. Con semejante cuesta que subir, sería tarea de Sísifo mantener en pureza la lengua española.

A mi ignorancia no aqueja el temor de que por el camino que llevamos, lleguemos a reducir esa lengua a una jerga indigna de países civilizados. El idioma tiene íntima relación con las ideas, y no puede abastardarse, en país alguno donde la inteligencia está en actividad y no halla rémoras el progreso. Se transformará, sí, y en esto no hará más que ceder a la corriente formada por la sucesión de los años, que son revolucionarios irresistibles. El pensamiento se abre por su propia fuerza el cauce por donde ha de correr, y esta fuerza es la salvaguardia verdadera y única de las lenguas, las cuales no se ductilizan y perfeccionan por obra de gramáticos, sino por obra de los pensadores que de ellas se sirven. La prueba la dan manifiesta aquellos idiomas desapacibles para oídos latinos, idiomas pobres y mendigos de voces ajenas, que sin embargo, sirven desde siglo atrás a las ciencias y a la literatura de modo a dar envidia a los mismos que se envanecen y deleitan con la atonía de algunas de las lenguas oriundas de la romana.

Siento no poder dar forma técnica a estas generalidades. Pero la vulgaridad de la forma no impedirá a la sagacidad de V. S. penetrar en el fondo de mis palabras, y la Academia que tan ilustrada curiosidad manifiesta por conocer el estado en que se encuentra en América la materia de sus estudios, podrá tal vez sacar algún partido de la franqueza con que hablo a V. S. poniéndole de manifiesto los inconvenientes que encuentro en conciencia, para aceptar el diploma con que se me ha favorecido.
Permítame V. S. darle honradamente, otras razones para justificar la devolución del valioso diploma.
Creo, señor, peligroso para un sudamericano la aceptación de un título dispensado por la Academia Española. Su aceptación liga y ata con el vínculo poderoso de la gratitud, e impone a la urbanidad, si no entero sometimiento a las opiniones reinantes en aquel cuerpo, que como compuesto de hombres profesa creencias religiosas y políticas que afectan a la comunidad, al menos un disimulo discreto y tolerante por esas opiniones; y yo no estoy seguro de poder amañar mis inclinaciones a las de la Academia, según puedo juzgar por antecedentes que me son conocidos y por algunos artículos de su Reglamento.

Descubro ya, un espíritu que no es el mío en los distinguidos sudamericanos, especialmente de la antigua Colombia, que han aceptado el encargo de fundar Academias correspondientes con la de Madrid. Algunos de ellos me honran e instruyen con su correspondencia, y a los más conozco por sus escritos impresos. Adviértoles a todos caminar en rumbo extraviado y retrospectivo, con respecto al que debieran seguir, en mi concepto, para que el mundo nuevo se salve, si es posible, de los males crónicos que afligen al antiguo.

La mayor parte de esos americanos, se manifiestan afiliados, más o menos a sabiendas, a los partidos conservadores de la Europa, doblando la cabeza al despotismo de los flamantes dogmas de la Iglesia romana, y entumeciéndose con el frío cadavérico del pasado, incurriendo en un doble ultramontanismo, religioso y social.

No puedo convenir, por ejemplo, en que el lenguaje humano sea otra cosa que lo que la filología y la historia enseñan sobre su formación. No puedo estar de acuerdo a este respecto, con el autor de un “Diccionario de la lengua castellana... Enciclopedia de los conocimientos útiles”, etc., que actualmente se publica en Madrid y en Buenos Aires, por entregas, bajo la dirección de D. Nicolás María Serrano. Según este caballero en la primera página de su obra, bella bajo el aspecto tipográfico y por los grabados que la acompañan, Dios nos ha dotado de la facultad preciosa del lenguaje para que le bendigamos, glorifiquemos en la tierra a fin de obtener el bien absoluto después de nuestra peregrinación en este valle de lágrimas. . ., etc.

Reducirnos a orar a Dios con la palabra y no con el pensamiento tácito, por los labios y no con la conciencia, es dar pábulo a prácticas idolátricas y caer en el materialismo del rezo de los devotos; es conducimos a imitar como lo más perfecto las prácticas ascéticas del claustro, donde se pasa la vida cantando salmos y rezando el oficio divino.
No creo que éste pueda ser el destino del hombre en esta vida. Si tal fuera, no le quedaría tiempo para estudiar la naturaleza y para encontrar en sus leyes el motivo de la adoración que la criatura racional pueda rendir al creador invisible y desconocido de tanta maravilla como la rodea.

Pongo en manos del señor cónsul de España, caballero D. Salvador Espina, el diploma de socio correspondiente que devuelvo respetuosamente suplicándole dé dirección segura a estos renglones. Al mismo tiempo tengo verdadera complacencia en manifestar mi más profundo agradecimiento a la Academia de que es y. S. intérprete, pidiéndole que con la tolerancia propia de un sabio se digne disimular los errores de que puedan adolecer los juicios que con franqueza me he atrevido a emitir.

De V. S. atento S. Servidor.

Juan María Gutiérrez

viernes, 4 de enero de 2019


"ABANDONAR LA ESCRITURA SIGNIFICA NO USAR EL CEREBRO". PALABRA DE GRAFÓLOGA.

Entrevista a la grafóloga Maria Teresa Morasso

Es como el ADN o las huellas dactilares: indican nuestra singularidad, nadie es igual a nosotros o puede imitarlos (incluso si la ciencia ahora es capaz de "modificar" el ADN). En este caso, sin embargo, no estamos hablando de genética, sino de escritura. Estrictamente manual, sea claro. La ortografía, de hecho, es un término que deriva del griego y que también significa "diseño", "descripción", "estudio", "tratado", recuerda nuestro carácter, el interno, no la fuente utilizada para escribir en PC y teléfonos inteligentes, y nuestra emotividad. Porque es de cómo trazamos el signo gráfico, cualquiera que sea la letra, lo que entendemos, a quienes han estudiado el tema, qué tipo de personas somos. En resumen, podríamos decir: dime cómo escribes y te diré quién eres.
Y eso es lo que realmente hace a María Teresa Morasso, una grafóloga, que durante años ha asistido a los cursos del Palazzo Ducale, que siempre se agotan, para los maestros que quieren entender mejor quiénes tienen antes, es decir, sus alumnos, jóvenes y viejos. De hecho, después del curso sobre Educación para el Signo Gráfico, dedicado a maestros de escuela primaria, es el turno de los cursos "Observación grafológica: una herramienta para conocer a los estudiantes" (4 lecciones para maestros de escuelas secundarias superiores e inferiores, pero también para educadores y padres: 28 de noviembre, 5, 12 y 19 de diciembre) y "Adolescentes y escritura a mano: ¿un problema o una oportunidad?".
"Para ayudarlos a comprender sus características, pero también su incomodidad, explica. El análisis de la escritura también les permite concentrarse en su potencial, que para ellos aún puede ser desconocido e inconsciente. También para poder orientarlos en las elecciones de vida y escuela ". María Teresa, de hecho, está especializada en la educación del gesto gráfico y realiza actividades de capacitación para el personal de la escuela. Durante más de treinta años, la escritura manual ha sido un objeto de interés e investigación (se graduó de la facultad de Urbino), orientada a la consultoría profesional y, en un contexto cultural más amplio, a la profundización cognitiva de las personalidades literarias e históricas. , artística, musical, científica.
"La escritura nos representa en todas nuestras características: intelectiva, emocional, afectiva. A través de la lectura en profundidad del signo gráfico, podemos identificar, por ejemplo, la calidad de la inteligencia: cómo la usa y hacia qué está orientada, ya sea hacia el nivel más práctico o más especulativo, y si la persona tiende más a analizar los elementos que observa o Si tiene una actitud más intuitiva e impulsiva ".
No es casualidad que en enero lleve a cabo una reunión sobre el genio: "Paganini y Hendrix: el lenguaje en las manos". De hecho, es fundamental recordar que la escritura manual implica un uso específico de nuestro cerebro: "Abandonar la escritura a mano significa no usar el cerebro. Está más en línea con nuestro pensamiento y, por lo tanto, favorece el desarrollo del pensamiento crítico, la capacidad de concentración, la memoria y la síntesis. En particular, las cursivas representan mejor la cohesión con nuestro pensamiento ".
Después de todo, la importancia del signo gráfico, de la escritura a mano en los diferentes personajes, fue y es bien conocida también por aquellos que han revolucionado el mundo digital. Modelo y profesor de Steve Jobs, de hecho, fue un sacerdote calígrafo de origen italiano: Robert Palladino. De hecho, se sabe que Jobs había entendido bien el valor de la caligrafía: él mismo había seguido un curso, sin terminar la universidad, sobre la hermosa letra, que le habría servido para darse cuenta por primera vez de MacIntosh de los tipos de letra que todos conocemos. y usamos
En resumen, escribir no es solo nuestra "huella", sino también una herramienta muy importante, ya que para ejercer la inteligencia no es suficiente escribir en una cabecera o pantalla táctil. Como escribe Jonathan Coopersmith, profesor de Historia de la Universidad Texas A&M, "Históricamente, la tecnología nos ha hecho singularmente más estúpidos o más inteligentes y colectivamente más inteligentes".

domingo, 16 de diciembre de 2018


DISCURSO DE DENIS MUKWEGE, PREMIO NOBEL DE LA PAZ 2018

Oslo 10 de diciembre de 2018

En la noche trágica del 6 de octubre de 1996, unos rebeldes atacaron nuestro hospital de Lemera, en República Democrática del Congo (RDC). Más de 30 personas fueron asesinadas. Los pacientes fueron abatidos en su lecho a quemarropa. El personal, que no pudo huir, fue matado a sangre fría. Yo no podía imaginar que aquello no era más que el comienzo.
Obligados a abandonar Lemera creamos el hospital de Panzi, en Bukavu, donde sigo trabajando como ginecólogo-obstetra. La primera paciente ingresada era una víctima de violación que había recibido un disparo en sus órganos genitales.
La violencia macabra no conocía límite alguno. Esta violencia no ha parado nunca. Un día, como otros, el hospital recibió una llamada. Al otro lado del teléfono un colega en lágrimas imploraba: “Por favor, enviadme rápidamente una ambulancia. Por favor, daos prisa”. Enviamos una ambulancia como habitualmente lo hacemos. Dos horas más tarde, la ambulancia regresó. En el interior, una pequeña de 18 meses sangraba abundantemente y fue llevada inmediatamente a la sala de operaciones. Cuando llegué, las enfermeras estaban anegadas en lágrimas. La vejiga de la bebé, su aparato genital, su recto, estaban gravemente dañados por penetración de un adulto. Rezamos en silencio: Dios mío, decidnos que lo que vemos no es verdad. Decidnos que se trata de un mal sueño. Decidnos que al despertar todo irá bien. Pero, no se trataba de un mal sueño. Era la realidad. Se ha convertido en nuestra nueva realidad en RDC.
Cuando llegó otro bebé consideré que este problema no podía encontrar solución en el quirófano; que era preciso batirse contra las causas profundas de estas atrocidades. Me dirigí al pueblo de Kavumu para hablar con los hombres: ¿por qué no protegéis a vuestros bebés, a vuestras niñas, a vuestras mujeres? ¿Dónde están las autoridades? Con gran sorpresa por mi parte, los del pueblo conocían al sospechoso. Todos le temían porque era miembro del Parlamento provincial y gozaba de un poder absoluto sobre la población. Desde hacía varios meses su milicia aterrorizaba al pueblo entero. Habían instalado el miedo matando a un defensor de los derechos humanos que había tenido el coraje de denunciar los hechos. El diputado se libró sin consecuencias. Su inmunidad parlamentaria le permitía abusar con total impunidad.
A estos dos bebés los siguieron decenas de otros niños violados. Cuando alcanzamos la cifra de 48 víctimas estábamos desesperados. Con otros defensores de los derechos humanos, alertamos al tribunal militar. Finalmente, estas violaciones fueron perseguidas judicialmente y juzgadas como crímenes contra la humanidad. Las violaciones de bebés en Kavumu cesaron, lo mismo que las llamadas al hospital de Panzi. Pero el futuro psicológico, sexual y genésico de estos bebés ha quedado hipotecado.
Lo que sucedió en Kavumu, que sigue produciéndose en numerosos otros lugares, como las violaciones y masacres en Beni o Kasai, ha sido posible por la ausencia de un Estado de derecho, por el derrumbamiento de los valores tradicionales y por el reino de la impunidad, especialmente en las esferas y personas en el poder.
La violación, las masacres, la tortura, la inseguridad difusa y la flagrante falta de educación crean una espiral de violencia sin precedentes. El balance de este caos perverso y organizado ha significado la violación de cientos de miles de mujeres, más de 4 millones de personas desplazadas en el interior del país, la pérdida de 6 millones de vidas humanas. Imaginen ustedes el equivalente de toda la población de Dinamarca diezmada. Los guardianes de la paz y los expertos de las Naciones Unidas no han quedado a salvo; varios han encontrado la muerte cuando cumplían su mandato. La Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (RDC) sigue presente hasta hoy día a fin de que la situación no degenere todavía más. Se lo agradecemos.
Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, esta tragedia humana prosigue sin que los responsables de la misma sean perseguidos. Solo la lucha contra la impunidad puede quebrar la espiral de la violencia. Todos tenemos el poder de cambiar el curso de la historia cuando las convicciones por las que luchamos son justas.
Majestades, Altezas, Excelentísimos señores y señoras, Distinguidos miembros del Comité Nobel, querida Señora Nadia Murad, Señoras y Señores, Amigos de la Paz.
Es en nombre del pueblo congoleño como acepto el Premio Nobel de la Paz. Lo dedico a todas las víctimas de las violencias sexuales que se cometen a través del mundo. Me presento ante ustedes con humildad para llevarles la voz de las víctimas de las violencias sexuales en los conflictos armados y para expresarles las esperanzas de mis compatriotas. Aprovecho la ocasión para agradecer a todos los que durante estos años han apoyado nuestro combate. Pienso especialmente en las organizaciones e instituciones de países amigos, en mis colegas, en mi familia y en mi querida esposa Madeleine.
Me llamo Denis Mukwege. Vengo de uno de los países más ricos del planeta. Sin embargo, el pueblo de mi país está entre los más pobres del mundo. La turbadora realidad es que la abundancia de nuestros recursos naturales - oro, coltán, cobalto y otros minerales estratégicos – alimenta la guerra, fuente de la extrema violencia y de la pobreza abyecta de la RDC.
Nos gustan los hermosos automóviles, las joyas, los artilugios. Yo mismo tengo un smartphone. Estos objetos contienen minerales que se encuentran en mi país. A menudo son extraídos en condiciones inhumanas por muchachos, víctimas de intimidación y de violencias sexuales. Cuando conduzcan ustedes un coche eléctrico, cuando utilicen un smartphone o admiren sus joyas, reflexionen un instante sobre el coste humano de la fabricación de esos objetos. En cuanto consumidores, lo menos que podemos hacer es insistir en que esos productos estén fabricados respetando la dignidad humana. Cerrar los ojos ante este drama es ser cómplice. No son solamente los autores de las violencias los que son responsables de sus crímenes; lo son también quienes optan por mirar a otro lado.
Mi país es sistemáticamente saqueado con la complicidad de personas que pretenden ser nuestros dirigentes. Saqueado por su poder, por su riqueza y por su gloria. Saqueado a costa de millones de hombres, mujeres y niños inocentes abandonados en una extrema miseria mientras los beneficios de nuestros minerales terminan en las cuentas opacas de una oligarquía depredadora.
Hace ya veinte años, días tras días, que en el hospital de Panzi yo veo las desgarradoras consecuencias del mal gobierno del país. Bebés, niñas, jóvenes muchachas, madres, abuelas, y también hombres y muchachos, violados de manera cruel, a veces en público y colectivamente, insertando plástico ardiente o introduciendo objetos contundentes en sus partes genitales. Les ahorro a ustedes los detalles.
El pueblo congoleño es humillado, maltratado y masacrado desde hace más de dos décadas a la vista y con conocimiento de la comunidad internacional. Hoy, gracias a las nuevas tecnologías de la información y comunicación, ya nadie puede decir: no sabía.
Con este premio Nobel de la Paz, llamo al mundo para que sea testigo y les exhorto a ustedes a unirse con nosotros para poner fin a este sufrimiento que avergüenza a nuestra común humanidad.
Los habitantes de mi país tienen desesperadamente necesidad de paz. Pero: ¿Cómo construir la paz sobre fosas comunes? ¿Cómo construir la paz sin verdad ni reconciliación? ¿Cómo construir la paz sin justicia y reparación? En el momento mismo en que les hablo, un informe se está enmoheciendo en el cajón de una oficina de Nueva York. Ha sido redactado tras una investigación profesional y rigurosa sobre los crímenes de guerra y las violaciones de los derechos humanos perpetrados en la RDC. Esta investigación nombra explícitamente víctimas, lugares, fechas, pero elude a los autores. Este Informe del Proyecto Mapping, establecido por el Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, describe no menos de 617 crímenes de guerra y contra la humanidad y, quizás incluso, crímenes de genocidio. ¿Qué espera el mundo para que sea tomado en consideración? No hay paz duradera sin justicia. Ahora bien, la justicia no se negocia. Tengamos la valentía de echar una mirada crítica e imparcial sobre los hechos que desde hace demasiado tiempo hacen estragos en la región de los Grandes Lagos. Tengamos el coraje de revelar los nombres de los autores de crímenes contra la humanidad para evitar que sigan enlutando esta región. Tengamos la valentía de reconocer nuestros pasados errores. Tengamos la valentía de decir la verdad y de efectuar el trabajo de la memoria.
Queridos compatriotas congoleños, tengamos el coraje de tomar nuestro destino en nuestras manos. Construyamos la paz, construyamos el futuro de nuestro país y juntos construyamos un mejor futuro para África. Nadie lo hará en nuestro lugar.
Señoras, señores, amigos de la Paz,
El cuadro que yo les he presentado ofrece una siniestra realidad, pero permítanme que les cuente la historia de Sara. Sara nos fue transferida al hospital en un estado crítico. Su aldea había sido atacada por un grupo armado que había masacrado a toda su familia, dejándola sola. Tomada como rehén fue conducida a la selva. Atada a un árbol. Desnuda. Todos los días, Sara sufría violaciones colectivas hasta perder el conocimiento. El objetivo de estas violaciones como arma de guerra era la destrucción de Sara, de su familia, de su comunidad. En una palabra, destruir el tejido social.
Cuando llegó Sara al hospital, no podía caminar ni tenerse de pié. No podía retener la orina ni las heces. A causa de sus heridas genitales urinarias y digestivas, con una añadida infección, nadie podía imaginar que un día ella sería capaz de volver a ponerse de pié. Sin embargo, cada día que transcurría, el deseo de seguir viviendo brillaba en los ojos de Sara. Cada día, era ella la que animaba al personal sanitario a no perder la esperanza. Cada día, Sara se batía por su supervivencia.
Hoy, Sara es una mujer hermosa, sonriente, fuerte y encantadora. Se ha comprometido a ayudar a las personas supervivientes de una historia similar a la suya. Ha recibido 50 dólares americanos, una ayuda que nuestra casa de tránsito Dorcas acuerda a las mujeres deseosas de reconstruir su vida en el plano socioeconómico. Sara dirige hoy su pequeña empresa. Ha comprado un terreno. La Fundación Panzi le ha ayudado con unas chapas onduladas para el techo. Ha podido construir una casa. Es autónoma y está orgullosa. Su historia muestra que incluso si una situación es difícil y parece desesperada, con determinación, siempre hay esperanza al final del túnel. Si una mujer como Sara no se da por vencida, ¿quiénes somos nosotros para hacerlo?
Todo esto es la historia de Sara. Sara es congoleña. Pero hay muchas Saras en República Centroafricana, en Colombia, en Bosnia, en Nyamar, en Irak y en tantos otros países en el mundo en los que hay conflictos.
En Panzi, nuestro programa de cuidados holísticos, que comprende un apoyo médico, psicológico, socioeconómico y jurídico, muestra que, aunque el camino de la curación sea largo y difícil, las víctimas poseen el potencial para transformar su sufrimiento en poder. Pueden convertirse en autoras de un cambio positivo en la sociedad. Es el caso ya citado de la Ciudad de la Alegría, nuestro centro de rehabilitación en Bukavu, donde las mujeres son apoyadas para que retomen su destino en sus manos. No obstante, ellas no pueden lograrlo solas y nuestra función es la de escucharlas, del mismo modo que hoy escuchamos a la Sra. Nadia Murad.
Querida Nadia, tu valentía, tu audacia, tu capacidad para darnos esperanza son una fuente de inspiración para el mundo entero y para mí personalmente.
El premio Nobel que nos es otorgado hoy no tendrá valor real más que si puede cambiar correctamente la vida de las víctimas de las violencias sexuales en el mundo y llevar la paz a nuestros países.
Así pues, ¿Qué podemos hacer nosotros? ¿Qué pueden hacer ustedes?
En primer lugar, asumir que es nuestra responsabilidad que actuemos todos. Actuar es una elección. Actuar:
- Para detener la violencia contra las mujeres.
- Para crear una masculinidad positiva que promueva la igualdad de sexos, tanto en tiempo de paz como de guerra.
- Es una opción apoyar o no a una mujer
             Protegerla o no
             Defender o no sus derechos.
             Batirse o no a su lado en los países asolados por conflictos
- Es una opción construir o no la paz en los países en guerra
Actuar es rechazar la indiferencia. Si hay que hacer la guerra, que sea contra la indiferencia que corroe nuestras sociedades.
En segundo lugar, todos somos deudores ante esas mujeres y sus familias; debemos apropiarnos de su combate. También los Estados deben cesar de acoger a los dirigentes que han tolerado, o peor, que han utilizado la violencia sexual para acceder al poder. Los Estados deben cesar de recibirlos con una alfombra roja y deben, más bien, trazar una línea roja contra la utilización de la violación como arma de guerra. Una línea roja que sería sinónimo de sanciones económicas, políticas y de persecución judicial. Realizar un acto justo no es difícil, es cuestión de voluntad política.
En tercer lugar, debemos reconocer los sufrimientos de las supervivientes de todas las violencias sexuales perpetradas contra las mujeres en los conflictos armados y apoyarlas de manera holística en su proceso de sanación. Insisto en las reparaciones, en las medidas que les den compensación y satisfacción y les permitan comenzar una nueva vida. Se trata de un derecho humano.
Hago un llamamiento a los Estados para que apoyen la iniciativa de la creación de un Fondo global de reparación para las víctimas de violencias sexuales en conflictos armados.
En cuarto lugar, en nombre de todas las viudas, de todos los viudos y de los huérfanos de las masacres cometidas en la RDC y en nombre de todos los congoleños deseosos de paz, hago un llamamiento a la comunidad internacional para que consideren el Informe del Proyecto “Mapping” y sus recomendaciones.
Que se haga justicia. Ello permitiría al pueblo congoleño que por fin sean llorados sus muertos, hagan su duelo, perdonen a los verdugos, superen sus sufrimientos y miren serenamente hacia el futuro.
Finalmente, tras 20 años de efusión de sangre, de violaciones y de desplazamientos masivos de poblaciones, el pueblo congoleño espera desesperadamente la aplicación de la responsabilidad de proteger las poblaciones civiles cuando su gobierno no puede o no quiere hacerlo. Espera avanzar en el camino de una paz duradera. Esta paz pasa por unas elecciones libres, transparentes, creíbles y en un clima de apaciguamiento.
“¡Pongámonos a trabajar, pueblo congoleño!”. Edifiquemos un Estado en el que el gobierno esté al servicio de su población. Un Estado de derecho, emergente, capaz de generar un desarrollo duradero y armonioso, no solamente en la RDC sino en toda África. Construyamos un Estado en el que todas las acciones políticas, económicas y sociales se centren en el ser humano y en el que la dignidad de los ciudadanos sea restaurada.
Majestades, Distinguidos miembros del Comité Nobel, Señoras, señores, Amigos de la Paz,
El desafío es claro; está a nuestro alcance. En nombre de las Saras, de las mujeres, hombres y niños del Congo, les lanzo a ustedes un llamamiento urgente de que no nos den solamente el Premio Nobel de la Paz sino que se pongan ustedes de pié y digan todos juntos y en voz alta: “¡Basta ya de violencia en RDC! ¡Ya es demasiado! ¡La Paz, ahora!”.

¡Muchas gracias!

Denis Mukwege

The Nobel Foundation 2018

Traducción del francés, Ramón Arozarena

Edición y revisión, Rafael Sánchez

jueves, 25 de octubre de 2018

EL USO DE LOS OPOSITORES

"La oposición pide siempre lo que está segura de no conseguir, porque si lo consiguiera dejaría de ser oposición"
Alfonso

Que a usté nunca ni jamás se le ocurra, siendo gobernante, querer curar de golpe a los opositores hasiendo que se vuelvan ofisialistas. Piense quel asunto de ser opositor es como un visio, y hay tipos que ese visio lo tienen adentro desde su más tierna infansia, que algunos son opositores crónicos y otros ya son incurables. Incluso yo conosí a un opositor que sierto día su partido ganó las elebsiones y entonses sus amigos lo llamaron para darle un ministerio... "¿Lo qué? -dicen que dijo todo enojado— ¡Yo sienpre fui opositor, Y haora no me voy a dar vuelta hasiéndonte ofisialista! Por eso yo reitero con el mayor énfasis de que la cura de un opositor es lenta como la de los borrachos y los tosicómanoS: si a un curdA usté le saca de golpe la bebida, el tipo se puede volber loco, y si a un tosicóman0 usté le retira la pichicata de prepotensia le puede suseder cualquier cosa: ¡incluso se sabe de algunos que dejaron La drogA de la noche a la maniana, y tanbíén de la noche a la naniana se volvieron cretinos! Por eso, y para evitar el canbio brusco y sus consecuensias, en algunos países inventaron los canpos de consentrasióN, así los opositores se van acostunbrando poco a poco a las delisias y ventajas de ser ofisialistas. Pero considerando que los canpos de cansentrasióN y las cárseles no son muy sinpáticos, yo sujiero una martingalA inofensiva para dejarlos contentos y sin traumas. Partiendo de la base de que los opositores están sienpre amargados, envenenados, rabiosos y cabreros, yo creo que los gobiemoS tendrían que destinarle algunos sitios pan que los timas pudieran descargar sus rabietas, broncas y venenos; y lo mejor sería colocar un libro de quejas en la casA de gobiern0 para que cada siudadano dejan estanpada su protesta con su puñ y letra... ¿Que a un contrera no le gusta el gobierno? Entra en la casA rosadA, pide el libro de quejas y escribe: "El presidente es una béstiA, el ministro Tal es un canalla, el secretario Cual es un chorro y el funsionario Talcual es un coimero! " Y después de largar toda la mufa que le sale del bolígrafo, el opositor se siente liberado de odios y rencores, y hasta es capás de ir a sentarse en la plasA de mayO a tirarle algo a las palomas o a dejar que las palomas le tiren algo a éL ¿Se da cuenta qué sensilio? Ya sé que alguien preguntará muy serio: "¿Y qué hasen después con ese "librO de quejaS" en la casA de gobierno? " ¡Mire que problema: agarran y lo tiran a la basura! ¡O sea lo que se base con todos los libroS de quejaS en todas las reparticiones!
Otro recurso que se usa con frecuensia cuan-do el gobernantE descubre que tiene un opositor muy recalsitrante, es llamarlo y decirle: “Vea doptoR (¡o almirantE, o general, o brigadieR o lo que caiga! ) ¡Quiero que usté se vaya denbajadoR a balalaicA!" " ¿Balalaica, eselensia? ¡Ese país está muy lejos!" ¡Ma qué lejos: en avión es cuestión de horas! "¡Pero es que yo no sé hablar en balalaic0!" “No interesa: los enbajadoreS tienen intérpretes..." " ¡Pero es quen balalaicA hase un frío que pela hasta las rodillas!" "Bueno... No se olvide quen la enbajadA hay aire acondisionado y sienpre sirven buenos copetines..." "Pero hay otra dificultá, eselensia ¡yo nunca estuve en la carrera diplomaticA! ¡Y bueno, querido! ¡piense que todo no puede ser perfebto en este mundO!"
Por esa rasón, yo creo que a los gobernanteS sienpre les conviene aumentar las enbajadaS en todas partes, ya sea poniendo una enbajadA en siberiA, o en el cong0 mediO, o en sangri-IA o en jaujA... ¡Y acá mismo en el paíx, incluso! ¿Qué a unté le molesta fulano? Un consulado argentino en el Iguasú, y que se vaya a las cataratas... ¿Que mengan0 sesta poniendo cargoso con sus indirebtas? ¡Un viscconsulado en la quiacA, y a otra cosa! ¿Que sutan0 se pone cada día mas sutanO y revoltoso? ¡Una enbajadA en la cordillerA de los ándeS, y que se arregle con los cóndores! En serio se lo digo: ¡es muy cómodo tener un sitio adonde mandar a siertas personas, y cuanto más lejos, mejor! Otra manera de tratar a los opositores con intelijensia es dejarlos tranquilos. que griten hasta romperse las amígdalaS, y que hagan reuniones y hagan manifestasiones y hagan mitines y que hagan hasta que se les salga por las orejas... ¡Cuantas mas cosas hagan, mas se cansan; y si están ellos cansados y usté fresquito, lójicamente la ventaja es suya! Además, eso de no permitir y no permitir cosas me hase recordar de cuando éramos chicos y queríamos jugar a la pelota, pero antes pedíamos la venia a la autoridá de la casa: " ¡Vieja! ¡Queremos jugar a la pelota! " " ¡No, no quiero que jueguen! " Y a los 2 minutos: " ¡Mamá! ;Queremos jugar a la pelota! " " ¡No les permito, y se acabó)! "Y al ratito: " ¡Mamáaaaaaaa! ¡Queremos jugar a la pelota! " ¡Les digo que no, y basta! ¿Y sabe usté lo qué ocurría con semejantes prohibisiones? Ocurría que entonses nosotros jugábamos escondidos en el patio; y por jugar con miedo, pateábamos torsido: y por patear torsido a cada rato hasíamos saltar un vidrio... O sea que a la final un día mi vieja se avibó y nos dijo: " ¡Ma sí: vayan todos a la calle y jueguen hasta que revienten! " Y desdentonses se acabaron los problemas y vibimos todos contentos, y la moraleja se cae de madura: ¡sienpre es peor prohibir el juego, que dejar que los chicos se diviertan con la pelota!

domingo, 21 de octubre de 2018


LA MADRE
Conferencia pronunciada por Catita "El Día de la Madre" en el "Sentro  Coltural, Poetas y Prosaicos"

—La madre es el ser que los ha dado el ser, y cuida de nuestro ser, como debe ser, a saber: de pequenios, alementándolos personalmente, o sea dándolos el busto, y de adúlteros, dándolos sabios consejos, pa efetuar la másima que dice: "Manzana en córpores sanos"
La Madre es el ser más anegado que esiste... ¡Y pensar que haiga hijos capaces de maltratarla!... ¡Desgenerados!... como el chico de enfrente, que se entrena pa fugar al fulbo, pegándole patadas a la madre!...
Hay varias clases de madre: la madre ligítima, que es la de endevera; la madastra, que es la postiza, y la madre putativa (con perdón de la palabra) que es la de emitación. Esto en el seso humano; en el seso animal, hay madre perlas; en el vegetal, hay madre selvas y en el mineral, hay ma dre cincuentas variedade.
"Madre hay una sola"!... como dijo Napolión. Fetivamente. La acnédota cuenta que un día que liegaron visitas, la madre de Napolión, el gran córcego, le dijo: —Nene, abajate al sótano, y traeme dos botelias de vino. Napolion abajó, pero no encontró más que una... entonce subió y esclamó: —Madre, hay una solal.
Han esistido al mundo, madres enjemplares. Recuerdemos a la madre de los Graco, famosa romana que en un enjemplo de senciliez, en vez de alhajas, usaba a sus hijos, como se lo mostró a una vecina curiosa que le preguntó por sus jolias. Entonces elia, presentándole a sus hijos, esclamó: —¿Queréis ver mis joliais?... ¡Aquí las tenéis! Culios hijos se liamaban: uno, Timberio, y el otro, hablano matirialmente... Cayo.
Otra madre dina de nombrerse, fue Agripina, la madre de Nerón, tan anegada, que se dejó asesinar por su propio hijo... en un descuido.
Dicen que el mata a su madre, se liama matricida... Eso será en idioma, pero en buen cayetano, es güerfanito.
Tamién fue conocida en los tiempos medio ovales, la madre de Solón, que anque no figura a la historia, debemo recordarla, porque produjo al filósofo Solón, que fue el inventor del saludo.
Y otra madre dina de almiración, fue la del juicio de Salamón ... que dos mujere se disputaban un ninio, diciendo cada cuale, que era su madre... y entonces Salamón, que era un sabio, anque fuera un salamón, le dijo: —Pa que no se peleen, viá partir a este ninio por el medio y le viá dar la mitá a cada una. —No! —gritó la madre d'endeveras— ¡O todo o nadal... porque si al cortarlo por la mitá, Dio libre y guarde, se muere, lo que me representa medio cadavre de hijo, viviendo a mi lado toda la vi-dal... ¡Que lo dejen entero, anque se lo dean a otral... Por lo cual Salarñón, decidió de entregárselo a elia... Entonce la otra, la falluta, le dijo: —Me lo empresta pa despedirme, diga? Pero Salamón, le contestó: —No! Lo que Natura non da, Salamón non presta! Y la dejó de aracal... ¡¡Tomá!!
Una madre muy nombrada, es la madre del Borrego, pero como no me acuer-do quien fue ese prócer, la pasaremos por alto.
Otra madre enjemplar, anque no pertenece al seso humano, es la bestia de la madre que crió a Rémulo y Rómulo, los que fundaron a Roma, los cual los adotó una loba caritativa que los crió, cual puede verse en la estuata pedestre, o sea de piedra, ande está la loba, en el ato de darles el busto, mejor dicho los bustos, porque las lobas tienen cuatro. Yo no digo de que no haiga también madres desgeneradas, como ser las cocodrilas, que se comen a los hijos, pero a nosotros que nos importa, si no tenemos nada que ver con tan repunantes retilas?... ¡Aliá elias!... Si se comen a los hijos, que con su pan se los coman!...
En vez, hay animales con un estinto maternal tan desenrollado, como el caso de la elefanta, que encontró un pichoncito de gorrión, helado en el suelo, lo alzó con la trompa, lo lievó al nido, y se le sentó encima pa calentarlo... ¿Y qué me dicen de las canguras?... ¡Con sus hijos en la bolsal... ¡Cuántas mujeres debrian imitarlas!... Y en lugar de andar por la calle con las bolsas lienas de paquetes, que las lievaran lienas de hijos!...
Tamién son creticables, las madres cínicas... Si, las cínicas, las que se pasan la tarde en el cine... Yo tengo una amiga, que todas las tardes e va a cine, y lo deja al chico abandonado, mirando en la tele "El increíble Hul". Quién es la madre de ese ninio?... El increíble Hul es la madre!...
Pa pagar a nuestras madres el sacrificio que han hecho por nosotro, naciéndolos. Creciéndolos y multiplicándolos debemos se el baculo (con perdon de la palabra) el baculo de su viejez. Y pa terminar, permitamen que didique unas palabras a mi santa madre que me vió nacer... En verso:

Yo te esclamo, con l'acento muy confuso,
porque me se hace un nudo al canaruzo,
¡Que viva Donia Asunta Langanuzzo,
la madre que a este mundo a mi me puso!